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Presentación publicaciones de los Proyectos Europeos: “Análisis comparativo europeo y transferencia de conocimientos sobre formas de delincuencia juvenil”

Presentación publicaciones de los Proyectos Europeos: “Análisis comparativo europeo y transferencia de conocimientos sobre formas de delincuencia juvenil” y “Delincuencia juvenil relativa a las Drogas”
23 de Enero de 2012 Europa

Dentro de sus principales líneas de acción del OIJJ se encuentra el desarrollo de trabajos de investigación, es por esto que desde sus inicios ha participado activamente en diferentes proyectos desarrollados a nivel Europeo y América Latina. En esta ocasión y con motivo de la publicación de sus resultados, tiene el placer de presentar y compartir los avances, progresos y resultados en relación a los Proyectos Europeos; “Análisis comparativo europeo y transferencia de conocimientos sobre formas de delincuencia juvenil” y “Delincuencia juvenil relativa a las Drogas – DREJC”.

Durante estos últimos cuatro años, Organizaciones del ámbito del Tercer Sector, Universidades e instituciones públicas Europeas, entre ellos el Instituto Don Calabria como coordinador de ambos proyectos europeos.
Todos ellos han colaborado activamente en ambos programas permitiendo, junto con el apoyo de la Dirección General de Justicia, Libertad y Seguridad de la Comisión Europea, la elaboración de dos dossiers internacionales y recomendaciones favorecedoras de una justicia global e integradora del joven en situación de conflicto con la ley.

Por un lado, el Proyecto Europeo “European Dimension; European comparative analysis and transfer of knowledge on juvenile delinquency forms”, ha tenido como objetivo fomentar estrategias eficaces para definir programas de prevención de la delincuencia juvenil.
En cada país y también a nivel global se analizaron, estudiaron y compararon fenómenos recientes en delincuencia juvenil como el Ciber-crime y E-bullying, la influencia del consumo de las drogas en la delincuencia, Las bandas juveniles y finalmente la explotación de los menores inmigrantes en el delito, temas también abordados durante el Congreso Internacional; “Fenómenos de Delincuencia Juvenil: Nuevas Formas Penales” organizado por el OIJJ en el año 2007 en Sevilla (España).

Por otro lado, estimular, promover y desarrollar métodos multidisciplinares y europeos para prevenir estratégicamente la delincuencia juvenil vinculada al uso de drogas ha sido el objetivo fundamental del Programa Europeo “Delincuencia juvenil relativa a las Drogas – DREJC”.
De este modo, el resultado final es el desarrollo de un estudio internacional, así como, de unas recomendaciones innovadoras en los procedimientos de intervención con menores infractores consumidores de sustancias adictivas.

De igual modo, el OIJJ aprovecha esta oportunidad para invitarles a visitar la sección de nuestra web “Proyectos e investigación” donde podrán encontrar información y documentación relativa a los actividades desarrolladas a partir de la participación y coordinación de proyectos, estudios e investigaciones que el OIJJ promueve con el fin de estudiar los fenómenos, dimensiones y factores que afectan a la situación de los niños en situación de exclusión social y en conflicto con la ley en el mundo.

Más información
European Dimension Project: “European comparative analysis and transfer of knowledge on juvenile delinquency forms”
DREJC Project: “Drug Related and Juvenile Crime”

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La rebelión del centro

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La jugada de Walker y Larraín demuestra que RN y la DC aún pueden sorprender. Hasta ahora ninguna coyuntura política había logrado gestar un entendimiento que pudiera ser caldo de cultivo de un hecho político mayor.

Por Camilo Feres
19/01/2012
REVISTA QUE PASA

Con el anuncio de un acuerdo para reformar el régimen político,Renovación Nacional y la Democracia Cristiana lograron algo que, se creía, no serían capaces de hacer en esta época: sorprender.

Es cierto que la DC ha vivido bajo sospecha permanente entre sus socios y que en la derecha no pierden ocasión para recordarle que tanto su raigambre histórica como sus aliados internacionales son más bien de este lado y no del otro, pero hasta ahora ninguna coyuntura política había logrado llevar de manera tan nítida a ambos partidos a un entendimiento que pudiera ser caldo de cultivo de un hecho político mayor.

Así las cosas, Carlos Larraín e Ignacio Walker, luego que el presidente se viera forzado a patear la pelota de las reformas políticas al córner por la presión de la UDI, no sólo alcanzaron a tomar el balón antes que éste saliera -evitando el tiro de esquina-,sino que sacaron a partir de él un centro que está a punto de convertirse en gol.

La jugada de Walker y Larraín no ha dejado indiferente a nadie, pero ninguno de los  actores con más experiencia quiere ser el primero en incendiar la pradera. Por una parte, Walker tuvo la delicadeza de incorporar a la mayoría de sus tendencias internas. Según se informa,la redacción del texto de la DC habría estado a cargo de Gutenberg Martínez (el que aún ronca en la falange), y entre los negociadores habrían estado Jorge Burgos, Andrés Zaldívar y Jorge Pizarro.
Adicionalmente, Walker sumó a la foto a Gabriel Silber y a Laura Albornoz.

Como si fuera poco, el presidente de la DC ha procurado anclar su propuesta a tres  animitas partidarias: la propuesta de Edgardo Boeninger, las actas programáticas de 1978 y los más recientes acuerdos del congreso ideológico.

Carlos Larraín, en tanto, en un solo movimiento dejó sin bandera a su ruidosa pero hasta ahora infértil oposición interna, cuya máxima aparición en este tema fue ponerse a disposición de un acuerdo para reformar el binominal, desafiando a la UDI. ¿Qué les queda a Lily Pérez, Carlos Zepeda y compañía? Tratar de arrogarse una parte de la idea y buscar cómo salvar la cara frente a un conservador que los dobló en audacia y juego de piernas.

Astuto don Carlos, conectando con la mejor tradición de pragmatismo del Partido  conservador de la primera mitad del siglo XX -que pactó,negoció y cooptó a diestra y siniestra para conservar (cómo no) las cuotas de poder político que la irrupción popular comenzaba a poner en jaque- logró materializar una alianza que pone en difícil posición a
sus contradictores. Ahora, quienes acostumbraban a golpearlo por su conservadurismo deberán buscar cómo denostarlo por su osadía.

La UDI, en tanto, se debate entre salir a marcar territorio y quitarle piso al acuerdo (aumentando la presión sobre el Ejecutivo) o restarle dramatismo y apostar a que éste se enrede por las dificultades propias de avanzar en un terreno en el que la incertidumbre y el
desconocimiento suelen actuar como muro de contención. Larraín arrinconó tanto a los guardianes de la doctrina como a las figuras que bregaban por conducir un acuerdo de reforma electoral.

En la polvareda tras el anuncio, sin duda que la posición más incómoda es la que le toca al Gobierno.Los socios de pacto de la DC también enfrentan su propio dilema, pero salvo algunas figuras conocidas por lo termocéfalas, la conducción de los partidos eje del conglomerado ha dado demasiadas muestras de su capacidad de lavar trastos sucios puertas adentro. El timonel socialista, por ejemplo, aprovechó el suceso para emplazar al que ha sido su único e inequívoco adversario desde que la Concertación salió del poder: el gobierno.

Mal que mal, la agenda de Andrade es volver a La Moneda y entiende que para ello requiere de un proyecto, un candidato, un partido y una alianza, y es precisamente eso lo que se dedica cada día a cultivar. Y hasta que no se invente algo nuevo, en lo que toca a los del arcoíris, la DC y el PS unidos jamás serán vencidos.

Pero en la polvareda tras el anuncio, sin duda que la posición más incómoda es la que le toca al gobierno. Porque, aunque obtuvo lo que pidió -llamó a los partidos a ponerse de acuerdo para restarle presión
a las reformas electorales- y recibió de vuelta el doble de lo que había pedido, la jugada de Larraín le quitó todo protagonismo al presidente y devolvió a La Moneda un conflicto que si bien ésta había encendido, llevaba días tratando de apagar.

Más allá de las palabras de buena crianza y la natural pulsión de los actores de palacio a no mostrarse sorprendidos por nada ni nadie, la imagen de Carlos Larraín, Mario Desbordes y “Cote” Ossandón haciendo la tarea política que La Moneda no ha tenido el talento de abrochar es sin duda un trago amargo y difícil de tragar para el presidente y sus
escuderos.

Si el Ejecutivo asume como propia la propuesta RN-DC, la UDI quedará como único cancerbero de la institucionalidad de la Constitución del 80, cuestión que incluso podría quebrar la siempre frágil alianza de gobierno. Por el contrario, si habiéndose generado las bases para un cambio el gobierno se resta de participar, dejará en la orfandad al
partido del presidente.

Ahora bien, sin entrar en detalles, la idea de un primer ministro ratificado por el Congreso no debería ser de difícil trámite legislativo. Del total de los parlamentarios en ejercicio, una porción bastante minoritaria califica hoy dentro de lo que entendemos como un
“presidenciable”, sin embargo, ya que emana de un acuerdo político entre partidos y coaliciones, el nuevo cargo de jefe de gobierno sí estaría al alcance de muchos honorables en ejercicio.

Al respecto, baste decir que hoy los partidos son de sus benefactores y de sus parlamentarios, por lo que el control de una autoridad elegida en esos términos sería preferentemente de estos últimos, con escasa o nula participación de otras instancias partidarias. Así, si llega a Valparaíso, la figura de un primer ministro debería encontrar
los votos necesarios para convertirse en realidad. Es difícil que, en estas condiciones, La Moneda continúe en su esfuerzo por retrasar las vacaciones del mundo político.

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LOS NUEVOS CATONES.David Herrera Barrientos(*)

(*)Director Instituto Jorge Ahumada.
La familia o gens romana de los Catones se destacó porque durante todo el periodo de la república, sus integrantes censuraban las costumbres sociales y políticas que se apartaban de lo que los antiguos romanos denominaban el “mos maiorum”, que se podría entender como la suma de las costumbres y tradiciones arcaicas romanas.

Implacables censores, senadores y Tribunos de la Plebe, los catones persiguieron con saña a los demagogos como los hermanos Tiberio y Cayo Graco, los aristócratas admiradores de Grecia como Scipion Emiliano, o aspirantes a dictadores como, Cayo Mario, Sergio Catilina, Gneo Pompeyo Magno, Marco Craso, o el mismísimo Cayo Julio Cesar.

Su circulo estaba formado por una serie de familias aristocráticas de origen patricio y plebeyo, que controlaban el Senado romano, y siendo conservadores se hacían llamar “Los Boni”, destacándose las gens de los Metelo, de los Ahenobarbos, de los Scauros. Marco Tulio Cicerón fue uno de ellos.

Estos catones se auto asignaban un rol censor de las costumbres, colocándose en un pedestal moral por sobre las demás clases sociales romanas. Despreciaban al pueblo y consideraban demagogos a quienes promovían los intereses de los proletarii, el partido de los populares.

Si bien los movía un legitimo interés en preservar las tradiciones romanas, en la práctica, perseguían mantener sus privilegios senatoriales y su primacía en la dirección de la cosa pública o res publicae.

Fracasaron. No se dieron cuenta de la ebullición social que latía en la sociedad romana de la época. Durante casi dos siglos y luego del fin de las guerras púnicas, Roma vivió la incertidumbre de las guerras civiles.
Estos personajes no fueron capaces de enfrentar el ocaso de la república romana y fueron reemplazados por el principado de Octavio Augusto y en definitiva por el imperio romano.
Hoy emergen en medio de la crisis política que vive Chile los nuevos catones, en donde se mezclan articulistas mercuriales, intolerantes televisivos, ex ministros probos, y toda clase de destacados personajes, todos integrantes de las elites dirigentes de nuestra sociedad, poniendo el acento en la denuncias contra la corrupción de la política y la falta de probidad en la administración del Estado.

Pero dejan de lado el verdadero escenario social en que vive Chile: la creciente desigualdad económica y la apropiación de unos pocos de la riqueza nacional.
Las clases medias sé precarizan en su bienestar, y las políticas sociales tienden a contener el efecto excluyente que provoca el modelo de mercado vigente y sus externalidades negativas, como los trabajos precarios, la educación privada de mala calidad a todo nivel, la desvalorización de los títulos universitarios, las extravagantes utilidades de las Isapres, la pobre cobertura del sistema de pensiones, el drama de la deuda habitacional, la creciente desaparición del comercio minorista en manos de cadenas de farmacias y supermercados, y la pérdida de relevancia de las pymes y las mypes en la economía nacional.
Por supuesto que los nuevos catones no ven estos temas como relevantes, pues para ellos todo anda bien.
Tampoco les escandaliza que un grupo de poderosos empresarios tome periódicamente test de blancura económica a los presidentes de Chile, que la posibilidad de acceder al parlamento requiera de ingentes sumas de dinero de origen desconocido, o que dos cadenas periodísticas tengan ahogada la prensa en Chile.
Estos catones han puesto sus esfuerzos en denunciar la corrupción política, representada por operadores y por políticos populistas que no están a la altura de la modernidad que hoy disfruta el país.
Dicen que esto afecta la “imagen país”, que estamos bajando en los indicadores internacionales de trasparencia y eficiencia, que nos alejamos de las exitosas experiencias de Finlandia, Dinamarca, Noruega, Irlanda, Nueva Zelanda, las que deberíamos imitar, y que en definitiva, la corrupción y la mala calidad de la política, obscurecen el camino de éxito en que Chile se encuentra transitando.
Mi opinión es que los nuevos catones tendrán “éxito”. Lograrán erradicar el mal de la corrupción, fundamentalmente a través de una disminución del rol del Estado y la privatización de las políticas públicas.
El desprestigio de la política favorece el accionar de los nuevos catones. Peor aún es el silencio cómplice de muchos frente al la inequidad económica y social que se instala en Chile.
¿Y cual será el efecto del éxito de los nuevos catones?
Se logrará estabilizar la crisis de gobernabilidad que nos aflige, pero la verdadera crisis, resurgirá sin que existan partidos fuertes capaces de dar conducción.

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El Grito. Por Diputado Fuad Chahín.

Hay períodos de la historia donde la ciudadanía pareciera cansarse de su sistema de convivencia. Épocas donde los problemas o injusticias económicas, políticas o sociales, motivan a las masas a dejar su silencio y pasividad, para convertirse en actores principales que exigen un nuevo trato a quienes en ese momento representan el poder.

En ese escenario, no importan los partidos políticos vigentes, ni los caudillos, reyes, reino, y en muchas ocasiones, ni siquiera la religión como catalizador del pueblo.

La urgencia es que toda forma o dinámica del poder debe ser reformada para levantar un nuevo referente, en el cual se pondrá toda la fe posible.

Dentro de ese contexto, ¿Podríamos afirmar que las movilizaciones chilenas (Ambientalistas, Estudiantes, Minorías, Mapuche, Damnificados, Profesores, Trabajadores en general) representan un hastío generalizado con un modelo concentrador y asfixiante que tiene 10 “dueños” y 17 millones de verdaderos “esclavos”: De los bancos, AFPs, Isapres, Retail, Dicom, etc.?

¿Podríamos afirmar que ese hastío alcanza también a las formas tradicionales de hacer política?

¿Tienen los partidos la obligación de no excusarse y hacerse cargo de esta deuda, renovando sus horizontes y dejando de lado sus estructuras para promover la apertura y participación?

¿De su acción depende su sobrevivencia? La respuesta es contundente: ¡Claro que sí! Y es necesario que en ese “sí” no quepa la menor duda.

El Hastío

Sin mayor contratiempo, podríamos definir a este año como el de la “Pérdida de Inocencia”.

Diversos hechos noticiosos sobre graves actos de corrupción o comisión de ilícitos por parte de autoridades del Gobierno, políticos, empresarios y hasta de religiosos, han golpeado a la opinión pública. Sociedad, que por cierto, había elegido la alternancia del poder, como forma de combatir estos males.

Sin embargo, a muy poco caminar vino a toparse con lo que quiso dejar atrás: Kodama, Subsidios y Planes de Empleo basados en el clientelismo político, conflictos de Interés, repactaciones de créditos unilaterales, etc. Esto es, todo aquello que resulta inaguantable para una sociedad que en general trabaja muchísimo, paga sus cuentas a tiempo y con justa razón detesta todo lo que huela a “privilegio” y “abuso”.

Pero este hastío se ha incubado en un contexto óptimo para su crecimiento: la manía del Gobierno de Sebastián Piñera (y a esta altura, pésima costumbre) de presentar mínimas o parciales medidas sociales, como una gran política pública que significará la solución final a todos los problemas.

Todo ello acompañado de frases rimbombantes del tipo: “Nunca jamás en este País”, “es una reforma histórica”, “estamos ante un Gabinete de Excelencia”, “hemos cumplido en un 100%”.

Ante todo ese “relato” que huele a falso, a cierta mala fe, la ciudadanía simplemente se cansó, al punto que no sólo ha desaprobado al Ejecutivo en las últimas encuestas, sino también decidió salir a la calle enarbolando las más variopintas causas.

La Excusa

Y al parecer tampoco la Oposición ha estado a la altura de las circunstancias.No quisiera entrar en detalles sobre la última Adimark, donde se ha dicho y redicho de todo.

Sin embargo, quiero precisar un aspecto: y es que a pesar que quienes ejercen el rol de ser contrarios a la coalición gobernante históricamente son más castigados por la ciudadanía, creo que hoy la Concertación es juzgada con más severidad por una antipatía que delata no sólo su falta de propuestas concretas, sino también por constituir una alternativa de poder que agotó su propia fórmula, al punto de poseer una crítica credibilidad.

Esto es, también es parte del todo de un entero. No es excepción a este enojo nacional.

El Grito

En este contexto los partidos políticos están desafiados: no pueden limitarse a oír el grito ciudadano que hoy se expresa en las calles como un mero murmullo sino que efectivamente deben escucharlo y asumir con generosidad, pero también realismo y valentía que es el momento de abrir un amplio y sincero debate que nos lleve a rectificaciones profundas.

Hace algunas semanas intenté provocar esa conversación y ¿qué sucedió? Lo usual: llamados al orden por una parte, versus felicitaciones públicas y privadas por otra.

Tal vez es natural que estas reacciones algo temperamentales sucedan ante audaces propuestas en política. Pero sinceramente me habría gustado escuchar: “bien, es una idea, podemos discutirla” y jamás un NO sostenido, que grafica que dentro del conglomerado todavía hay poca cabida para aquella discusión que no constituya una mera negociación coyuntural.

No podemos tener como excusa “los 20 años vividos en democracia, el período histórico donde Chile ha avanzado más” u otros apelativos completamente válidos, si se quiere, pero insuficientes para conservarla como alternativa válida, viva, con identidad y propuestas.

Nadie podría vivir sólo de recuerdos gloriosos, porque de lo contrario tendríamos la misma sensatez que los matrimonios que se mantienen durante el tiempo por los hijos o por el historial en conjunto, pero donde corre la traición y el engaño, pues faltan los afectos y el cuidado en común y sobran los proyectos personales.

Si asumimos la realidad y le perdemos el miedo a nuestras legítimas diferencias cada partido podrá volver con libertad a sus bases para escucharlas y motivarlas, pero por sobretodo ir hacia nuevos actores: los movimientos sociales que hoy se expresan con mucha fuerza en Chile y los que están por venir, no para instrumentalizarlos ni menos pretender dirigirlos pero sí para nutrirse de los sentimientos de la inmensa mayoría de los chilenos que están fuera de los partidos.

Porque me parece que hoy quien organiza una causa y conversa con la ciudadanía sin intermediarios, tiene una posición privilegiada respecto al militante que lleva años en el partido, pero que no conoce otra realidad que la que muestra su bloque.

Sólo una discusión profunda y renovadora, con oxigenación total y apuestas arriesgadas pero transparentes, podrán captar la atención y la confianza de la ciudadanía.

No son los discursos sobre el progresismo y conservadurismo los que fijarán la línea, sino la formación de una oposición que incluya a los actores sociales y a quienes en forma anónima se sienten cansados de trabajar para pagar o que el desarrollo les pase demasiado lejos.

Este necesario proceso de transición más temprano que tarde nos llevará suscribir nuevo “contrato social y político” que se haga cargo de los desafíos de este nuevo Chile para convocar a la construcción de un sueño país para los próximos 20 años y, por ende, la conformación o re-conformación de pactos electorales y coaliciones políticas serán cosa de corto tiempo, pues tengo la convicción que la debacle actual será un elemento más convocante que dispersador de voluntades.

Tal como dicen los españoles del 15-M: “Nosotros no estamos en contra el sistema; es el sistema el que está contra nosotros”.

De esta forma, de las voluntades políticas de los partidos depende su propia subsistencia, pues Chile se graduó de grande y ya no quiere ni especuladores ni menos imitadores de la democracia.

Fuente:http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110628091300/el-grito/

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¿Porqué el Consejo Ideológico del PPD?Mauricio Salinas

Chile vive hoy momentos difíciles. Después de veinte años, la derecha gobierna nuevamente en nuestro país. No nos sentimos ajenos a ese hecho. Una parte significativa de la responsabilidad en esto, nos corresponde a nosotros, como partido y como Concertación. Si bien es cierto que el país que tenemos hoy es mejor que el que dejó la
dictadura derechista, no es el Chile que quisiéramos tener, ni menos el que prometimos.

Por esto mismo, es que igualmente, no todos nos sentimos ni somos ajenos a las manifestaciones ciudadanas y a la movilización social que en estos últimos meses han recorrido nuestro país. Más bien algunos,.o muchos somos parte, nos sentimos interpretados y al mismo tiempo,interpelados por ellas, y este proceso de definiciones, es parte del esfuerzo para expresar políticamente este movimiento y sus demandas,
retomando así, lo que nunca debimos perder (abandonar).

Si miramos la realidad nacional, vemos cuanta razón hay en esas manifestaciones, cuanta voluntad de democracia, de libertad, cuanto deseo de justicia social e igualdad. Cuanta ansía de fraternidad y de solidaridad, hay en la base de estos reclamos.

Aunque a veces a algunos les parezca, nada de esto es perjudicial para la democracia. Por el contrario, si somos capaces de poner nuestras instituciones en línea con estas demandas, fortaleceremos los valores democráticos de nuestra convivencia y permitiremos que el debate público se enriquezca de la participación más igualitaria de todos los chilenos y chilenas. Es claro que nuestras instituciones no están a la altura de estos desafíos. Ni nuestra democracia ni nuestros partidos políticos cumplen con las condiciones para respondes a la demanda de participación, transparencia, control social y rendición de cuentas,en definitiva de transformación y cambio, que el Chile de hoy nos plantea, motivado por las características de injusticia social, de desigualdad y de concentración del poder, en todos los ámbitos, que tiene nuestra sociedad y en la que algunos (demasiados) de nuestros dirigentes tienen directa responsabilidad. Debemos tomar definiciones
serias, claras, que se entiendan por la ciudadanía. No es posible llamarnos partido y que convivan en su interior quienes encabezan la defensa de la Patagonia y quienes encabezan su destrucción en aras del lucro y la codicia.

Esta nueva realidad ha hecho evidente la necesidad de una mirada autocrítica sobre lo realizado durante los 20 años de gobierno. Los avances en muchas áreas estuvieron acompañados de una insuficiente decisión para acometer reformas profundas, que enfrentaran con fuerza las desigualdades, las limitaciones de nuestra democracia y los abusos del mercado. Así también, constituye un gran pasivo la falta de determinación con que se cuestionaron las definiciones estructurales heredadas de la dictadura. Más allá de la contextualización histórica de estas situaciones, es evidente que ese no es el carácter que ha de tener una fuerza política que asuma los desafíos de esta etapa. Para esto, es necesario abandonar definitivamente la falacia eufemística de la igualdad de oportunidades, que solo permite legitimar la desigualdad de los resultados, sin hacerse cargo de los factores
estructurales del sistema.

Estas falencias no solo contribuyeron de manera decisiva a la derrota sufrida, sino que hoy, con la derecha gobernando, hacen que la ciudadanía, sabiamente, y de manera abrumadoramente mayoritaria,cuestione las bases y los sentidos del orden político. Pero esta crisis no es solo en el nivel político, de credibilidad y de representación, en suma de legitimidad, sino que por la incapacidad del sistema político de intervenir a favor de las grandes mayorías menos favorecidas, tanto en lo social como económico y cultural.

El movimiento estudiantil, que destaca en sus movilizaciones, ha logrado concitar niveles de apoyo nunca vistos, pues ha hecho sentido no solo por cuestionar el sistema educacional y su irritante desigualdad, sino por cuestionar el sentido de su existencia, que hoy
pareciera ser mas realizar el afán de lucro que posibilitar el ejercicio de un derecho humano fundamental. En efecto, existe la percepción de que el afán de lucro ha ido tomando el control del sistema educacional y hoy parece ser la principal fuerza que lo moviliza. La educación parece estar convirtiéndose en un negocio más.
La expansión de instituciones lucrativas ha generado poderosas dinámicas que alejan al sistema educacional de los valores que esperamos que lo animen y esa es la causa del descontento. Es un reclamo para poner otros valores y otras prioridades en el corazón de
la educación.

El lucro y la competencia por obtenerlo han tenido innumerables efectos en la educación chilena y no solamente a nivel universitario,sino especialmente a nivel escolar. Uno de los principales avances del país, la ampliación de la cobertura educacional, ha tenido en el lucro
uno de sus motores. Impulsados por la posibilidad de buenos negocios,muchos inversionistas, han apostado a la educación, tanto escolar como superior, y con ello han ampliado ostensiblemente el volumen y diversidad de la oferta educativa. El problema, es que esa gran cobertura educacional la esta pagando muy caro nuestro país, por el
predominio de la lógica de los negocios en la educación. Se masifico la educación pero también se masificaron los negocios educativos. La educación-mercancía manda en este sistema y nosotros hemos tenido ministros que la han impulsado.

Esta situación se repite al examinar los datos de otros ámbitos de nuestra estructura socio-económica-política-cultural. Son conocidas las cifras respecto de la distribución de los ingresos y su consecuencia en las inequidades, en cualquier aspecto de nuestra
sociedad, lo que nos hace cuestionar no sólo el rol que ha tenido y tiene el Estado, si no que también, nuestra condescendencia con el modelo económico llamado de libre mercado, que atenúa estas discordancia y no proporciona respuestas de futuro sobre un crecimiento armónico con el medio ambiente. La lógica del lucro y la competencia y su traspaso, en mayor o menor medida, a todos los ámbitos de nuestras vidas, desplazando a la solidaridad y la cooperación, ha generado un inevitable impacto en nuestra convivencia,deteriorando al máximo la confianza de las personas en las instituciones de toda índole y en los “otros”, llegando a constituirse como expresión clara de nuestra sociabilidad, lo que se ha llamado “El miedo al otro”, fundando sobre este un sistema de “seguridad ciudadana” que retroalimenta la lógica sistémica, excluyente y represiva, deteriorando aún mas nuestra comunidad y convivencia. Grave participación en esto han tenido y tienen dirigentes nuestros, al participar en “instituciones” como Paz Ciudadana, provocando desprestigio en amplios sectores acerca de nuestra condición, ya no digamos de izquierda o progresista, sino tan solo democrática.

Esto ha llevado a que como dice el PNUD, los y las chilenas ven al poder social organizado sobre una matriz de autoritarismo y sumisión,que produce un orden asimétrico de dignidades. Este es sentido como abuso y humillación, lo que hace que el desquite y el resentimiento se transforme en un intento por compensar lo anterior, lo cual, a su vez,
no hace mas que reforzar esa misma matriz y sus efectos.

No es raro entonces que para “mantener el orden”, nuestro país tenga el triste record de tener la tasa más alta de compatriotas encarcelados de Latinoamérica, y una de las más altas del mundo. Las inseguridades que sufrimos son el resultado inevitable del
funcionamiento de nuestra sociedad, de nuestro orden en lo político,económico, social y cultural.

Todas estas consideraciones y constataciones nos llevan a entender que la crisis por la que atravesamos no es una cuestión coyuntural ni menos electoral, sino que lo que ha entrado, de alguna manera en ella,es mas profundo y alcanza a nuestra forma de comprensión de la
sociedad y de las personas, del orden social y sus fundamentos, de las concepciones y los conceptos básicos con que analizamos la realidad.
Es decir, esta crisis atraviesa, sino nuestros más altos valores declarados, sin duda, algunas o muchas de las definiciones ideológicas con que nos hemos manejado. Si en los tiempos de nuestra fundación el “fin de la historia“ se enseñoreo, implantando el concepto de “democracias de mercado” o “sociedades de consumidores” hoy, nuestra sociedad, en consonancia con la ciudadanía del resto del mundo dominado por el neoliberalismo, ha echado a andar, reasumiendo su condición de titular de la soberanía popular, comenzando a poner fin al “fin de la historia”. De nosotros depende ser parte de ese proceso
o que este movimiento ciudadano y democratizador sea, también, el
comienzo de nuestro fin. Por todo esto es el Consejo Ideológico del
PPD.

Mauricio Salinas es Abogado.

http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/01/20/%c2%bfporque-el-consejo-ideologico-del-ppd

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Ya no es, un más de lo mismo…(a los candidatos Alcaldes y Concejales) Marta Canto Castro..

El pluralismo de las ideas políticas, conlleva generalmente un debate,una confrontación de ideas que es necesaria para la gobernabilidad democrática. En ese escenario construimos el país, avanzamos en derechos y generamos espacios de participación reales.

La confianza en la política, en los partidos y en las instituciones llamadas democráticas, en el último tiempo ha disminuido, por lo general es baja en sociedades como la nuestra. La crisis de la política suele expresarse en la ruptura que existe entre los problemas que la ciudadanía reclama resolver (pobreza, inequidad, violencia,alto costo de la vida, etc) y la capacidad que aquella, la política,tiene para enfrentarlos.

Una práctica que puede ayudarnos a encontrar el camino de la dignificación de la política, es la comunicación de la verdad,luchando por la justicia, promoviendo el bien común, defendiendo los derechos humanos de los pobres y de la clase media, fiel reflejo de
valores y principios que encarnó Don Bernardo Leigthon y el Cardenal Raúl Silva Henríquez.Creo, que hoy el desafío es hablar en claro,en un país cómo el nuestro, dónde culturalmente,predominan los eufemismos.

La política pragmática afirma, que todo tiene un precio: el candidato,el diputado, el partido, el voto, el proyecto de ley o la ley, las promesas electorales, el conocimiento, la voluntad. Por este camino hemos llegado al divorcio de la ética con la política y,consecuentemente, a considerar la política como un fin, y las personas (ciudadanos) como medios.

Para los humanistas cristianos debe ser un desafío, el transformar la política en un servicio humanizador, para ello debemos poner en práctica la “repolitización”, es decir el ejercicio de la política como servicio y recobrar, en la ciudadanía, el protagonismo en las
decisiones, que constituyen la vida social, y encargarse de la realidad política,como agentes de transformación del tejido social.

Debemos ser los agentes de cambio social, sembradores de esperanzas en cada una de las comunidades que nos toque representar.Para ello debemos saber escuchar, dialogar permanentemente, sensibles a las señales que nos da el día a día, la cotidianeidad y sobre todo dar garantías de credibilidad. Lo anterior se construye con vocación de servicio publico,pero no sólo construir el eslogan,sino efectivamente demostrando, compromiso y dedicación con las personas y cumpliendo los acuerdos con la ciudadanía. La política es una actividad al servicio de los demás y con mayúsculas.

Cómo una simple ciudadana de a pie,me gustaría ver un reflejo en los próximos candidatos de la Concertación a ocupar un cargo de Alcalde o concejal ,la voluntad de tener primero una propuesta de trabajo convocante,no una simple “lista de supermercado”de temas locales,sino que debiera estar profundamente marcada por una visión país,un sello que es distintivo entre lo que significa ser gobernado por la concertación o por la derecha,que permita al elector distinguir entre un candidato y el de otro sector,diferenciándonos en cómo vemos las necesidades de nuestros compatriotas y la nueva manera de resolverlos,en definitiva cuál es el Chile que queremos.

Por eso creo,que deberían ser campañas otivadoras,inteligentes,más audaces,participativas y acogedoras y no un más de lo mismo, basados sólo en personalismos,en los ranking o encuestas de opinión.

Creo, que los Chilenos y Chilenas votaremos en cada comuna, por una propuesta más  país,por un candidato que a lo menos refleje coherencia y consistencia,entre lo que dice y hace,menos eslogan,más acciones.Menos propuestas muy localistas,más visión de país,ya que al parecer hay más claridad que ésta será la campaña más política,antesala o preparatoria de la campaña presidencial,donde se abordarán temas macro nacionales.

Ya no es, un más de lo mismo…el país demanda y necesita mayores grados de exigencias.

Marta Canto Castro. Lic. en Ciencias Políticas y Administrativas.
Administrador Público. Secretario General Instituto Jorge Ahumada.

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Apertura hacia reformas políticas.Ignacio Balbontin-Edgardo Riveros.

Viernes 20 de Enero de 2012
Fuente:El Mercurio.

Señor Director:

Una constatación se consolida, no obstante haber tenido Chile una
exitosa transición democrática después de 17 años de dictadura: su
sistema político requiere indispensablemente de mayor calidad, para
funcionar adecuadamente según la sociedad actual. Por ello,
iniciativas destinadas a transformar dicho sistema merecen ser
estimuladas y apoyadas. En tal sentido se inscribe la anunciada por
las directivas de la Democracia Cristiana y de Renovación Nacional,
sin que ello afecte su condición de ser uno partido de oposición y el
otro de gobierno.

Ya no se trata de ir a modificaciones institucionales con
“cuentagotas”, sino a cambios profundos y completos. Lo que se busca
es lograr coherencia entre todos los componentes del sistema; esto es,
régimen político, cambio del sistema binominal por uno proporcional,
potenciamiento de los gobiernos regionales y locales, fortalecimiento
de la calidad de la democracia de modo que funcione sólidamente en su
origen, gestión y finalidades, según las orientaciones mayoritarias.

La trascendencia de lo anunciado queda de manifiesto en la iniciativa
de establecer en Chile un régimen semipresidencial, idea que ya fuera
asumida, en su momento, por el Grupo de los Veinticuatro. Esta enorme
modernización busca hacer frente, entre otros aspectos, a las crisis
políticas que se producen cuando un Presidente de la República pierde
las mayorías, ya que ellas varían en el tiempo, llegando directamente
a él no sólo como jefe de gobierno, sino también como Jefe de Estado.

A su vez, resulta imprescindible concretar la regionalización y
desconcentración de la gestión del Estado. Chile tiene ya a este
respecto una norma constitucional que debe ser regulada a través de la
ley, a objeto de elegir de manera directa por la ciudadanía al
presidente del gobierno regional y los consejeros regionales y
transferir descentralizadamente a dichos gobiernos, atribuciones desde
el nivel central hasta las raíces sociales.

La propuesta iniciada busca la estabilidad democrática sobre la base
de una mayoría amplia y flexible. Si en un régimen presidencial las
mayorías parlamentarias son básicas, en un régimen semipresidencial,
donde la generación del Primer Ministro se efectúa con participación
directa del Parlamento, pasa a ser esencial. De esta forma, se puede
lograr un sistema electoral efectivamente representativo a partir de
la proporcionalidad que pasa a ser un componente de coherencia lógica
evidente. Todo esto debe ser acompañado de un alto estándar en la
calidad de la política y su relación con la sociedad. En esto juegan
un papel básico los procedimientos legislativos abiertos a las
inquietudes sociales y los partidos políticos, cuyo estatuto jurídico
institucional, junto con contemplar un financiamiento público
transparente, los aleje de influencias ilegítimas, contemplando
instancias de fiscalización y consagrando la participación
democrática, en sus diversos niveles de organización y toma de
decisiones.

Edgardo Riveros
Presidente Centro Democracia y Comunidad

Ignacio Balbontín
Presidente Instituto Jorge Ahumada

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La trampa de creer que lo importante en educación es la calidad .Fernando Atria

La trampa de creer que lo importante en educación es la calidad (y no interesa cómo se consigue) Publicado por Fernando Atria 

 Por Fernando Atria, panelista de la Convencion Socialista.

http://www.igualdad.cl

Una de las ideas con más respaldo en el debate educativo actual es la que afirma que lo importante es la calidad y no el proceso a través de la cual se llega a ella. Es decir, no interesa si la escuela tiene o no fines de lucro mientras sea buena. El abogado Fernando Atria autor de la reveladora serie “10 lugares comunes falsos sobre educación”, desmenuza esa afirmación para demostrar que se trata de un nuevo error. Sostiene que fijar un mínimo de calidad puede ayudar a terminar con los peores establecimientos que existen en Chile, pero no va a reducir la brecha entre la educación que reciben los ricos y la que reciben los pobres. Por el contrario, un sistema que pone el acento en la calidad sin pensar en el proceso, dice Atria, es muy similar al sistema racista que generó en Estados Unidos escuelas para blancos y escuelas para negros asegurando –falsamente- que ambas tendrían buena calidad. “No importa si el establecimiento es público o privado, o si persigue o no fines de lucro, o si sus alumnos son vulnerables o no: lo importante es que la educación que provee sea de calidad”. Este lugar común se ha generalizado porque descansa en una distinción entre proceso y producto que es en cierto modo de sentido común cuando se trata de bienes de consumo: no importa quién o cómo hizo los zapatos que estoy considerando comprar, lo importante es que los zapatos sean de calidad (o mejor: que su relación precio/calidad sea la mejor). Tratándose de zapatos, parece posible desentenderse del proceso mediante el cual el bien se produjo y aplicar mediciones de calidad al producto final. Pero basta pensarlo por un minuto para notar que hay cosas a las cuales esta distinción es inaplicable. Sería absurdo, por ejemplo, aplicarla a una sentencia judicial: “no importa que uno tenga o no debido proceso: lo importante es que la sentencia sea de calidad”. O a las leyes: “no importa si la ley la hace un parlamento elegido o no, lo importante es que las leyes sean justas”. Esto no quiere decir que no pueda haber sentencias o leyes de “mala calidad” (ilegales o injustas). Es por supuesto posible fijar algún estándar mínimo bajo el cual el producto final será considerado defectuoso sin necesidad de mirar el proceso. Pero este estándar sólo podrá ser efectivamente mínimo, porque el criterio que se puede aplicar al producto ignorando el proceso deberá atender sólo a lo más grave, a lo elemental (por ejemplo, habrá que decir que una sentencia que contiene contradicciones lógicas es “de mala calidad”. Pero esto implica que toda sentencia que satisface ese criterio es por eso calificada como “de buena calidad”, lo que es absurdo). Del mismo modo, es posible fijar un estándar mínimo bajo el cual la educación sea considerada de mala calidad (en un foro reciente, escuché a un “experto” decir “un establecimiento que tiene un puntaje promedio del SIMCE de 150 puntos es de mala calidad”). Pero la contrapartida es que toda educación que satisfaga ese estándar será considerada “de buena calidad”. Y si el Estado la llama “educación de calidad”, ¿por qué un sostenedor que persigue principalmente fines de lucro habría de mejorar sobre ese nivel? Si hacemos caso a quienes sostienen el lugar común que ahora analizamos, en el mejor de los casos sólo habremos logrado mejorar la calidad de la educación para pobres, pero no habremos hecho nada para reducir la brutal desigualdad que el sistema hoy produce. Si nos preocupa el hecho de que hoy el sistema educacional agudiza la desigualdad preexistente, la trivialidad de que lo que importa es sólo la calidad del producto y no el proceso debe ser abandonada. No es posible, si el sistema es uno que valora la diversidad de proyectos educativos, fijar un estándar de calidad para el resultado que sea algo más que un mínimo. Porque mirando al resultado no hay cómo distinguir lo que es imputable al establecimiento y lo que es consecuencia del “capital cultural” de los estudiantes, y respetando la diversidad no podremos determinar cuanta calidad hay en un menor énfasis en biología cuando va acompañado de una mayor sensibilidad artística, o en conductas cooperativas por sobre ánimo competitivo, etc. “Los que sostienen este lugar común son los sucesores de los norteamericanos que decían “No importa que haya escuelas para blancos y escuelas para negros: lo importante es que ambas sean de la misma calidad”. En los hechos, eso significaba (en el mejor de los casos): asegurarse de que las escuelas para negros satisficieran un estándar mínimo de calidad, y punto. La pretensión de que cuando uno tiene escuelas para negros (o pobres) y escuelas para blancos (o ricos) uno puede medir el resultado para asegurar que sean de igual calidad es tan evidentemente falsa que uno se pregunta si los que la defienden pueden realmente creer lo que dicen que creen”. Los que sostienen este nuevo lugar común son los sucesores de los norteamericanos que decían “Separados pero iguales. No importa que haya escuelas para blancos y escuelas para negros: lo importante es que ambas sean de la misma calidad”. En los hechos, eso significaba (en el mejor de los casos): asegurarse de que las escuelas para negros satisficieran un estándar mínimo de calidad, y punto. La pretensión de que cuando uno tiene escuelas para negros (o pobres) y escuelas para blancos (o ricos) uno puede medir el resultado para asegurar que sean de igual calidad es tan evidentemente falsa que uno se pregunta si los que la defienden pueden realmente creer lo que dicen que creen. Por eso, en la medida en que un sistema educacional debe al menos tener la pretensión de tender hacia proveer de educación de la misma calidad a ricos y pobres (o blancos y negros), nos debe importar (y mucho) el proceso, no sólo el resultado. Por eso importa, por ejemplo, si quien provee de educación lo hace porque su compromiso principal declarado es la educación o enriquecerse. No se trata de “demonizar el lucro”, sino sólo de entender que el que actúa por ánimo de lucro persigue su utilidad individual (esto no parece ser una idea especialmente difícil de comprender). Si el sistema fomenta la diversidad de proyectos educativos, no podrá recurrir a evaluaciones de calidad que privilegien unos proyectos sobre otros: tendrá que aceptar, por ejemplo, que el hecho de que unos estudiantes sepan más biología pero tengan menos sensibilidad artística no es una demostración de que la educación de los primeros es “de mejor calidad”: lo contrario sería introducir una tendencia a la uniformidad, a acabar con la diversidad de proyectos educativos que según quienes abogan por “el lucro” es lo que de verdad importa. Por consiguiente la fiscalización se deberá dirigir al proceso: el que declara que le interesa educar niños o jóvenes para así obtener renta de su capital queda excluido. Es más probable que los proyectos educativos sean desarrollados exitosamente si quienes tienen un interés puramente instrumental en la educación no pueden participar de esa actividad. Es obvio que la proscripción de los fines de lucro no es garantía total de nada: es posible que haya establecimientos con fines de lucro que sean mejor que la media, pero eso no es un argumento para permitir establecimientos con fines de lucro. Del mismo modo, es posible que un alcalde sea un espléndido alcalde a pesar de que ganó la elección con cohecho, pero eso no es una razón para eliminar la prohibición del cohecho. Es también posible que la prohibición legal sea burlada, pero esto tampoco es un argumento para eliminar la prohibición legal, así como la posibilidad de la evasión tributaria no es una razón para derogar el impuesto a la renta. La ley no sólo es un instrumento para lograr ciertos fines: es una manera de declarar cómo nos entendemos a nosotros mismos y a nuestra convivencia política. La prohibición del cohecho no sólo es importante porque es eficaz para evitar el cohecho, sino también para declarar que no es aceptable que los votos sean comprados. La prohibición legal contribuye a crear una cultura en que ciertas conductas son socialmente aceptables o inaceptables. Del mismo modo, lo que está en discusión en educación es en parte si es aceptable que las necesidades educativas de los niños sean aprovechadas por terceros con la finalidad de maximizar sus utilidades, y esto no es sólo una discusión sobre cuán instrumentalmente útil es esa forma de proveer de educación, sino también sobre cómo entendemos el proceso de educar ciudadanos. Lo más característico de nuestra discusión pública es que esta dimensión es sistemáticamente ignorada, y todo se reduce a dar con la “receta” adecuada, a encontrar el “experto” que tiene la solución. Quienes sostienen que la ley debe tratar a la educación de ciudadanos como oportunidades de enriquecimiento apuntan a otras áreas en que los subsidios estatales aprovechan a proveedores con fines de lucro: vivienda es uno de los ejemplos más socorridos. Pero con esto demuestran una comprensión inaceptable de la educación. Tratándose de viviendas, es posible en principio la distinción proceso/producto: es posible dar las especificaciones técnicas de las viviendas sociales, y luego comparar si las viviendas entregadas satisfacen esas especificaciones. Pero la educación no es como una vivienda, porque no es posible fijar “especificaciones técnicas” de la educación (por supuesto, es posible especificar un mínimo: no menos de 150 puntos promedio en el SIMCE, para volver al ejemplo mencionado), al menos en la medida en que sea importante que haya pluralidad de proyectos educativos, porque distintos proyectos educativos definirán su éxito de distintas maneras. Por eso sobre el mínimo no habrá un estándar de calidad que pueda ser aplicado a todos. Dicho de otro modo: se trata precisamente de compatibilizar la posibilidad de diversidad de proyectos educativos con alguna pretensión de igualdad. Eso exige no mirar al producto, al menos sobre el mínimo legalmente definido. Pero si para respetar la libertad y la posibilidad de diversidad educativa no hay que mirar al producto (por sobre el mínimo legal), eso hace más urgente mirar al proceso. Implica, por ejemplo, asumir la prioridad de des-segregar el sistema educacional, adoptando medidas que tiendan a la integración; o negar a quienes quieren obtener rentas del capital la posibilidad de hacerlo al educar ciudadanos, etc. Por supuesto, tratándose de esto, hay mucho más que decir. No se trata aquí de hacer una lista de todas las dimensiones del proceso educativo que deben ser abordadas en la discusión. Se trata de mostrar que ignorar esa dimensión es mostrar desprecio por la igual ciudadanía de todos, y entender que basta mejorar un poco la educación para pobres.

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Mil millas…

“Un viaje de mil millas comienza con un simple paso”

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Un acuerdo de Estado y una mala reacción.Senador Mariano Ruiz-Esquide

http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20120123102354/un-acuerdo-de-estado-y-una-mala-reaccion/

En los últimos doce meses hubo solo dos coincidencias en el mundo político social: la necesidad de cambiar rápidamente el sistema binominal y la necesidad, también, de pensar y avanzar en un régimen semi presidencial que para la Democracia Cristiana está entre los acuerdos del Quinto Congreso.

Hay otros conflictos sobre los cuales hay mayorías circunstanciales y variadas pero sólo los elementos mencionados son unánimes

¿Por qué lo anterior? Porque no cabe duda que el país ha entrado en una vorágine social que no tiene expresión en lo político y porque de continuar este encharcamiento político partidario no será venturoso el próximo tiempo. Los signos y síntomas son demasiados parecidos a tristes tiempos que algunos vivimos.

Corregir ambos temas no ha sido posible hasta la fecha puesto que sólo la Concertación asumía ambos requerimientos.

El día miércoles pasado Renovación Nacional aceptó esta necesidad y dio su acuerdo para que, junto con la Democracia Cristiana, se firmara el compromiso de avanzar en ambos temas previo asentimiento tácito de los Presidentes de los otros partidos de la Concertación. Respaldamos este acuerdo, sin perjuicio de eventual mayor finura en el trato con nuestros compañeros de la Concertación.

Lo respaldamos porque Chile requiere avanzar en el desfogamiento de la rigidez política que nos abruma y que sólo sirve para desprestigiar la política, contener las necesidades de cambio y hacer perder de vista el interés superior por encima de los intereses particulares o partidarios.

Dijimos también que este era un apoyo a un acuerdo que fue claramente explicitado en cuanto se refería a estos asuntos y nada menos que a éstos, pero nada más que a estos.

No hay pues cambio de posiciones, cada uno de los Partidos sigue en su sitio de Gobierno y de Oposición. Es lo que se llama un acuerdo de Estado.

Lo que ha sido inadecuado han sido las reacciones posteriores.

La UDI ha reclamado porque no fue ni siquiera informada y puede tener razón, pero es el momento preciso para que ese Partido demuestre su grandura patriótica de la que tanto se ufana.

El Presidente de la República señaló que si había acuerdos que posibilitaran los cambios enviaba el proyecto y es por lo tanto el minuto para que se coloque como líder de Chile, en cuanto que es el Presidente de la República y no sólo el administrador de los dos gendarmes de su alianza.

En la Concertación los presidentes fueron advertidos y me señalaron personalmente que hubieran deseado un conocimiento más preciso pero que entendían que en política, a veces, es necesario mantener formas consistentes con los aliados, pero a veces también con cierto sigilo.

Sin embargo han aparecido declaraciones asumiendo que “si la Democracia Cristiana se amplía a la derecha nosotros tenemos el derecho de ampliarnos a la izquierda”. Creo que han sido declaraciones inadecuadas y carentes de visión global de Chile porque ni nos hemos expandido a la derecha y seguimos en la Concertación, ni ellos pueden jugar al póker al lado y lado.

No es así como operan el valor ético de nuestra Concertación porque hicimos algo que es bueno para todos y cada vez que ellos han propuesto una ampliación de la Concertación yo también los he apoyado pero no en una visión pequeña.

Hemos reclamado, con mucha fuerza, que si somos Concertación trabajemos como tales.

Hasta en el más mínimo análisis apoyar este acuerdo provoca el más pragmático de los éxitos de una oposición inteligente.

Aunque tan sólo fuera por eso vale la pena apoyarlo.

Pero debe entenderse en su recto sentido y por eso lo hemos respaldado en nuestra clara visión que los partidos deben saber colocarse por encima del solo bien partidario, cuando Chile nos requiere.

Nuestra trayectoria política nos da el respaldo para apoyar un acuerdo que creo puede llegar a ser trascendente para el país.

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